Cuando somos pequeños vivimos en un mundo de felicidad constante, interrumpido por algún momento de lloro o de cabreo puntual, pero conforme vas creciendo te vas dando cuenta de muchas muchas cosas, de que la realidad no es tal y como la pintan, de que todo no es felicidad, buenos momentos y buena gente.
Este 2011 que esta noche acabará ha supuesto que haya abierto a medias mis ojos y me haya quitado esa venda que teníamos desde niños parcialmente.
De momento, nos tocará preocuparnos por intentar disfrutar al máximo todas y cada una de las cosas que hagamos y seguir confiando en que no todos se mueven por lo mismo y que las personas que tenemos a nuestro alrededor no cambiarían si tuvieran oportunidad de hacerlo.
Al fin y al cabo hay que reconocerlo, 2011 no ha sido un mal año, no ha terminado como hubiera querido, pero aun así, no ha estado mal. Ahora solo espero que 2012 vaya mucho mejor... en 366 días os lo cuento! :)

No hay comentarios:
Publicar un comentario